lunes, 27 de febrero de 2012

Todo gratis, Crónicas de la democratización de la cultura

Una nueva entrega de la breve serie sobre jabatos de la justicia poética, héroes de la difusión de los bienes culturales, apólogos de la integración del arte en la vida cotidiana. Hoy :

SoulingSurfers Crew

Los tres son competentes profesionales de la hostelería y fervientes coleccionistas de vinilos. Cada uno llevó su colección particular al piso que compartieron ya durante sus años de formación. El tiempo, los trabajos y la vida separaron sus viviendas, aunque por fortuna, fueron uniendo cada vez más sus destinos, a pesar de que tuvieran que buscar una solución habitacional para su colección colectiva. La encontraron en una lúgubre callejuela del centro. Un ático sin ascensor y con terraza. Tres habitaciones ocupadas por los discos y un salón para el equipo. Amplia y luminosa cocina.

Mercadillos de segunda mano, tiendas de viejo, rastros de diferentes ciudades fueron rastreados con ansia de sabueso, con lupa de pinchadiscos, con los rigores de una rabiosa vinilopatía galopante. Hasta que fundían toda la pasta. Poner la aguja sobre el surco, mezclar plásticos, ritmos y melodías para hacer bailar a la gente, no era un vicio sino su mayor virtud. Así lo reconocen incluso sus vecinos. Y la llevaron hasta sus últimas consecuencias. DJ Pelao Cucharón, DJ Ayu for Kill’a y DJ Knife, formaron en 1999, SoulingSurfers Crew, sesiones a seis manos y cuatro platos.

Viajaron varias veces a Londres con vuelos baratos y se instalaron en casas ocupas para ahorrarse el alojamiento, mientras pasaban unos días pillando vinilos en grandes almacenes, tras desayunar fuerte. El modus operandi era sencillo. Entrar por la cara y cogerlo todo como si se fuera a pagar efectivamente. Llenar, por ejemplo, varias mochilas. Seleccionando siempre. Salir por la puerta principal con toda la tranquilidad del mundo. Llegaron a traerse varias maletas llenas. Nunca los pillaron. Alguno pagaron en Brixton. Colectivizaron sus colecciones. Muchas zapatillas deportivas se han gastado en las pistas de baile que amenizan. Fiestas públicas, pero también privadas, salas subterráneas y oxigenados solares, frontones municipales o fábricas abandonadas. Mairena con Prodigy y El Pelos con Thelonious Monk , Grooverider con Lola Flores o Public Enemy, Dillinja con Lee Scratch Perry y Aphrodite con Rafaella Carrà. Mucho más allá de la cocina experimental.

4 comentarios:

tas-salio dijo...

Jodidamente bueno!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

f********* big dijo...

DJ Pelao Cucharón, DJ Ayu for Kill’a y DJ Knife

No tienen precio

Un testigo dijo...

A raudales regalan vibraciones que te hacen mover el culo de forma casi incontenible. El otro día por cierto, estuve con los tres sospechosos pues habíamos quedado en el local de un colega, otro amigo del trio musical, para dejarnos deleitar por su especialidad: El arroz. La verdad es que nos pusimos hasta el ojai y los 3 musicantes pillaron energía por un tubo. Habían traído unos “vinilitos “ como gustaba decir a Knife. La verdad es que un poco talibanes eran con el tema del formato, pero se estaban adaptando a los aparatajes tecnológicos y ya traían sus WAV y sus “emepetereses”. Que no falten.
Habíamos despejado una parte de un gran cuarto que nuestro anfitrión de hecho ya usaba para deleitarse musicalmente: 2 Technics hechos polvo ( servirían), unos bafles mas que decentes, unos pufs descoloridos ( llenos de chinotes), un sillón desvencijado pero comodísimo y nos cojines pa sentarse en el suelo. Alguien ya se había encendido un porro de maria y apestaba toda la habitación. Y apestaba bien. Y el arroz que se cocía con amor y lentitud, ya repicaba en nuestras cabezas y en la pituitaria. Claro. Y se zampó. Y se bebió. Y se rebañó
El trio empezó a meter melodías como quien no quiere la cosa: Que bien sonaban Teena Marie, Philip Cohran, Sun Ra, Stevie Wonder, Shuggie Otis, Lonnie Liston Smith, Marlena Shaw, Eumir Deodato………. Que suerte que estos amigos compartan este compendio de melodías absolutamente bestiales. Bueno también compartían esa hierba tóxica. Yo humildemente, traía mi chinilla de costo guarrón, aunque me recuperaba aportando algunos discos viejunos que había conseguido para la ocasión. Nadie se lo creería, pero los había comprado por 4 perras en los encantes viejos.
Era una orgía. Una bacanal. Una celebración de la amistad. Sin complejos. Sin dar explicaciones. Sin justificarse. Cada cual se dejaba mecer por los distintos ritmos que la Soulsurfing Crew escupía con devoción.
La(s) botella(s) de Pacharán se había(n) acabado. La maria fluía ( en el aire y en los pulmones). El ritmo crecía. Los animos se calentaban. Los corazones se deleitaban. Los oídos se dejaban perder en territorios insondables, desconocidos, nuevos. Los pies se rebotaban y se encabritaban al son del ritmo. Los dedos chasqueaban.

Era sábado. Y acababan de empezar.

Allí mismo, ese día, no sé quién dijo...

"Lo mejor del sábado es que hagas lo que hagas, al otro día es domingo"