Jorge
Luis Borges, La Biblioteca de Babel, 1941
La Videoteca popular Isabel Paz (que algunos llaman mi universo)
se compone de más de dos docenas de altas estanterías repartidas a lo largo del
rectángulo diáfano de la antigua sala de reuniones en la vieja destilería que,
hoy, aloja el Centro Social Autogestionado “Los Toneles de Hidromiel”. Diez
anaqueles por estantería, distribuidas entre los ventanales que rodean la
estancia, por los que entra la luz desbordante sobre la amplitud del espacio. Yo,
llamadme Rosario o Aurora, prefiero decir que la Videoteca tiene sus
límites, tal vez, más de seis millares de películas en diferentes soportes y
formatos, cifra en progresivo aumento que se ha de reconocer periódico, por
imperativo legal. Los continuos desalojos policiales nos han obligado a empezar
de cero en algunas ocasiones en que hemos perdido los fondos. La colaboración
de los vecinos y de los usuarios nos ha permitido reponernos y seguir adelante.
La Videoteca nació en 1998 con ciento y pico películas en VHS y
algún DVD. La cifra fue creciendo hasta los casi mil documentos en 2002 (hoy lo
sabemos porque recuperamos aquel catálogo) perdidos en un primer desalojo. La
segunda vez que nos pasó, unos años después, ya teníamos el doble de material,
pero conseguimos rescatar hasta la última carátula. En la actualidad, contamos con un plan
de emergencia y evacuación para salvar los fondos ante un eventual desalojo. El
procedimiento de acopio siempre ha sido similar: hemos buscado las películas,
no escondemos que muchas fueron grabadas de vídeo a vídeo o reproducidas
mediante diferentes sistemas técnicos de copia, pero también nos las hemos
encontrado, gracias a la suerte o a diferentes aportaciones. Hemos acumulado
todas las películas posibles desde el vídeo Beta al .avi, desde el celuloide al
.ogg, debidamente registradas y catalogadas. Hemos desarrollado un sistema de
préstamo. Una cartulina verde con un número de usuario de tres cifras, permite
a cualquiera llevarse hasta dos documentos durante quince días. Hay trescientos
veinticinco usuarios registrados con las más variopintas motivaciones, desde la
mera afición al cine hasta la rigurosa investigación académica; desde la simple
curiosidad al aprendizaje de idiomas (tenemos películas en veinte lenguas
diferentes). El estado de las cintas y los discos es inmejorable. Seguimos a
rajatabla sus leyes de conservación, de las pocas leyes que no tenemos reparos
en seguir, de los escasos asuntos en que llevamos a orgullo ser conservadores.
La Videoteca lleva el nombre de Isabel Paz como homenaje a aquella joven manchega hija
de un proyeccionista ambulante, que fue asesinada en 1939, cuando trataba de
escapar a Francia con un baúl lleno de rollos de celuloide. Y, a pesar de los
desplazamientos de nuestra sede, siempre ha llevado ese nombre para mantener
viva su memoria. En cambio, la sala de proyecciones que hemos procurado tener
siempre contigua a nuestras instalaciones, ha cambiado levemente su nombre, al
menos ortográficamente. Empezó llamándose la Caja, como un vulgar banco de ahorro, y, desde el
último traslado, hace ocho años, se conoce como la Kahita. En su
inauguración era más grande, con capacidad para unas cuarenta personas y hoy su
aforo alcanza sólo a quince espectadores. Ha presenciado pases de las más
variadas temáticas, géneros, estilos, filmografías, orígenes y fines. La
historia del cine se ha proyectado en sus paredes a un ritmo de tres películas
por semana. Además, siempre hay quien se queda después de la película para
compartir sus opiniones con los demás, en un eco moderno de lo que fueron
antaño los cine-clubs o las salas de arte y ensayo.
Todas
las actividades que programa la
Videoteca de Isabel Paz son gratuitas y no recibimos
subvenciones, más allá de la voluntad de las personas a título individual. No
cobramos entrada por las sesiones o por los ciclos y maratones de cine en la Kahita, pero tampoco por estar
asociado ni por hacer uso de las instalaciones de la Videoteca, ni siquiera
por la asistencia a los talleres de realización de cine documental o de
escritura de guión o de montaje o por la participación en los cursillos de
historia y crítica de cine, que organizamos regularmente y que para sí
quisieran algunas Universidades, pues cuentan con la respuesta entusiasta del
vecindario de todas las edades. Seguramente, el próximo cambio forzado de
domicilio, supondrá una vez más, la revisión de nuestros límites. Pero, no nos
va a faltar la intención de sobreponernos con toda la fuerza posible. Nuestra asociación se alegra con esa firme
esperanza.
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