martes, 14 de agosto de 2012

La Videoteca de Isabel

  “El universo estaba justificado, el universo bruscamente usurpó las dimensiones ilimitadas de la esperanza.”
                                                                                        Jorge Luis Borges, La Biblioteca de Babel, 1941

La Videoteca popular Isabel Paz (que algunos llaman mi universo) se compone de más de dos docenas de altas estanterías repartidas a lo largo del rectángulo diáfano de la antigua sala de reuniones en la vieja destilería que, hoy, aloja el Centro Social Autogestionado “Los Toneles de Hidromiel”. Diez anaqueles por estantería, distribuidas entre los ventanales que rodean la estancia, por los que entra la luz desbordante sobre la amplitud del espacio. Yo, llamadme Rosario o Aurora, prefiero decir que la Videoteca tiene sus límites, tal vez, más de seis millares de películas en diferentes soportes y formatos, cifra en progresivo aumento que se ha de reconocer periódico, por imperativo legal. Los continuos desalojos policiales nos han obligado a empezar de cero en algunas ocasiones en que hemos perdido los fondos. La colaboración de los vecinos y de los usuarios nos ha permitido reponernos y seguir adelante.

La Videoteca nació en 1998 con ciento y pico películas en VHS y algún DVD. La cifra fue creciendo hasta los casi mil documentos en 2002 (hoy lo sabemos porque recuperamos aquel catálogo) perdidos en un primer desalojo. La segunda vez que nos pasó, unos años después, ya teníamos el doble de material, pero conseguimos rescatar hasta la última carátula. En la actualidad, contamos con un plan de emergencia y evacuación para salvar los fondos ante un eventual desalojo. El procedimiento de acopio siempre ha sido similar: hemos buscado las películas, no escondemos que muchas fueron grabadas de vídeo a vídeo o reproducidas mediante diferentes sistemas técnicos de copia, pero también nos las hemos encontrado, gracias a la suerte o a diferentes aportaciones. Hemos acumulado todas las películas posibles desde el vídeo Beta al .avi, desde el celuloide al .ogg, debidamente registradas y catalogadas. Hemos desarrollado un sistema de préstamo. Una cartulina verde con un número de usuario de tres cifras, permite a cualquiera llevarse hasta dos documentos durante quince días. Hay trescientos veinticinco usuarios registrados con las más variopintas motivaciones, desde la mera afición al cine hasta la rigurosa investigación académica; desde la simple curiosidad al aprendizaje de idiomas (tenemos películas en veinte lenguas diferentes). El estado de las cintas y los discos es inmejorable. Seguimos a rajatabla sus leyes de conservación, de las pocas leyes que no tenemos reparos en seguir, de los escasos asuntos en que llevamos a orgullo ser conservadores.

La Videoteca lleva el nombre de Isabel Paz como homenaje a aquella joven manchega hija de un proyeccionista ambulante, que fue asesinada en 1939, cuando trataba de escapar a Francia con un baúl lleno de rollos de celuloide. Y, a pesar de los desplazamientos de nuestra sede, siempre ha llevado ese nombre para mantener viva su memoria. En cambio, la sala de proyecciones que hemos procurado tener siempre contigua a nuestras instalaciones, ha cambiado levemente su nombre, al menos ortográficamente. Empezó llamándose la Caja, como un vulgar banco de ahorro, y, desde el último traslado, hace ocho años, se conoce como la Kahita. En su inauguración era más grande, con capacidad para unas cuarenta personas y hoy su aforo alcanza sólo a quince espectadores. Ha presenciado pases de las más variadas temáticas, géneros, estilos, filmografías, orígenes y fines. La historia del cine se ha proyectado en sus paredes a un ritmo de tres películas por semana. Además, siempre hay quien se queda después de la película para compartir sus opiniones con los demás, en un eco moderno de lo que fueron antaño los cine-clubs o las salas de arte y ensayo.

Todas las actividades que programa la Videoteca de Isabel Paz son gratuitas y no recibimos subvenciones, más allá de la voluntad de las personas a título individual. No cobramos entrada por las sesiones o por los ciclos y maratones de cine en la Kahita, pero tampoco por estar asociado ni por hacer uso de las instalaciones de la Videoteca, ni siquiera por la asistencia a los talleres de realización de cine documental o de escritura de guión o de montaje o por la participación en los cursillos de historia y crítica de cine, que organizamos regularmente y que para sí quisieran algunas Universidades, pues cuentan con la respuesta entusiasta del vecindario de todas las edades. Seguramente, el próximo cambio forzado de domicilio, supondrá una vez más, la revisión de nuestros límites. Pero, no nos va a faltar la intención de sobreponernos  con toda la fuerza posible.  Nuestra asociación se alegra con esa firme esperanza.

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