martes, 2 de noviembre de 2010

Los cuñados del Heavy

El Viti y, su cuñado por parte de hermana, el Risi convencieron al padre del primero y suegro del segundo, el señor Félix, para que les prestase el coche con tal de poder viajar a Madrid. Si hubieran sabido que Iron Maiden iban a tocar once años después en su propio barrio, no habrían dejado de desplazarse a la capital del estado en aquella ocasión. Ante el incontestable argumento de que salía más barato que comprar dos billetes de autobús interurbano, el señor Félix tendió las llaves de su Alfa al Risi, más mayor y, si no más responsable, al menos, más diestro en la conducción pues había obtenido el permiso de circulación con anterioridad. Solamente les exigió una condición: que no aparcaran el automóvil en la vía pública, sino que lo estacionaran en un garaje que él pagaría en metálico religiosamente para lo que les concedía, también, un nutrido fajo de billetes de mil pesetas.
En el trayecto, los cuñados del heavy no sobrepasaron el límite de velocidad en ningún momento, pero no tardaron en sobrepasar el límite de su arsenal de estimulantes. No habían llegado ni siquiera a la mitad del recorrido y ya no les quedaba nada en la rebotica, salvo una triste china de costo, a todas luces, insuficiente. En pleno subidón (bastante leve, por cierto, debido, claro está, a la tradicional adulteración de las sustancias en el mercado negro) llegaron a la gran ciudad con la necesidad de pillar más. Ni cortos ni perezosos, dejaron el vehículo en el aparcamiento de un hipermercado cercano y fueron caminando hacia la antigua plaza de toros donde se celebraba el concierto. En los alrededores se hicieron con psicotrópicos suficientes para asistir al espectáculo completamente ebrios, en pleno estado de euforia. Para adquirirlos tuvieron que gastar parte del dinero que les habían confiado para guardar convenientemente su turismo. El directo del grupo inglés les entusiasmó por su espectacularidad y su potencia. Hicieron amigos a los que invitaron a rayas de speed y cervezas de litro y con los que después se fueron a visitar míticos templos de la rockera noche madrileña.
A la mañana siguiente, había una pegatina del servicio municipal de grúas en el lugar dónde habían dejado el coche. Su reacción fue contenida y turbia como una resaca brutal. No maldijeron demasiado. Una papelera del parkin salió despedida por los aires tras una patada. Una llamada arrepentida al señor Félix les solucionó a regañadientes el contratiempo.

1 comentario:

Colacao dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=HD85C_AgMT8&feature=related