Ésta es la historia que les ahorré la otra noche a mis amigos en una conversación sobre esos desagradables seres que son las cucarachas:
Estaba yo tan angustiado por su insospechada proliferación bajo la pila de mi fregadero, que acudí precipitadamente al supermercado a comprar el más potente insecticida. Atolondrado por la hipnótica musiquilla de la mediana superficie, compré algunos productos más, que ahora no viene al caso mencionar. Cuando me dirigí a la caja para pagar, me coloqué hábilmente en la que menos cola tenía. Sólo había una mujer esperando su turno. Se hallaba absorta contemplando el expositor de pilas y chicles y cuando percibió que debía avanzar en su puesto, se agachó para trasladar su cesta. De pronto, saltó hacia atrás dando un potente grito y, al mirarme con la boca abierta mostró una dentadura devastada y dijo, una cuca, pero, asín ¡eh! ¡asín de gorda! Yo sonreí y mostrándole el bote de spray venenoso, le dije, suerte que voy armado. Ay qué asco, chico, qué asco, una cosa es que las tengas en casa, que entren volando de la calle, pero, aquí ...¡no veas las que tiene que haber! Es que es superior a mí, no lo puedo evitar.
No diréis que moví ni un dedo. Ni siquiera pensé en quitar el tapón al recipiente metálico para intimidar al bicho. Necesitaba los 400 ml. para la desinfección de mi hogar. No miré por la salubridad del supermercado. Y no me avergüenzo de ello.
Estaba yo tan angustiado por su insospechada proliferación bajo la pila de mi fregadero, que acudí precipitadamente al supermercado a comprar el más potente insecticida. Atolondrado por la hipnótica musiquilla de la mediana superficie, compré algunos productos más, que ahora no viene al caso mencionar. Cuando me dirigí a la caja para pagar, me coloqué hábilmente en la que menos cola tenía. Sólo había una mujer esperando su turno. Se hallaba absorta contemplando el expositor de pilas y chicles y cuando percibió que debía avanzar en su puesto, se agachó para trasladar su cesta. De pronto, saltó hacia atrás dando un potente grito y, al mirarme con la boca abierta mostró una dentadura devastada y dijo, una cuca, pero, asín ¡eh! ¡asín de gorda! Yo sonreí y mostrándole el bote de spray venenoso, le dije, suerte que voy armado. Ay qué asco, chico, qué asco, una cosa es que las tengas en casa, que entren volando de la calle, pero, aquí ...¡no veas las que tiene que haber! Es que es superior a mí, no lo puedo evitar.
No diréis que moví ni un dedo. Ni siquiera pensé en quitar el tapón al recipiente metálico para intimidar al bicho. Necesitaba los 400 ml. para la desinfección de mi hogar. No miré por la salubridad del supermercado. Y no me avergüenzo de ello.
1 comentario:
¡Húndete, hijo de la gran puta, maricón!
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