De mal - en peor, Miguel Hernández
Fui a la pescadería más barata del mercado por segunda vez. Había poca gente. La pescadera pareció reconocerme y eso me infundió confianza. Compré calamares, sardinas y una cola de merluza. Tenía un aspecto estupendo y estaba a buen precio. La compra ascendió a catorce con sesenta. Le pagué con quince. Me devolvió cuarenta céntimos y un billete de cinco. Se confundió, debió de pensar que le había dado veinte. Me di cuenta en seguida pero me hice el desentendido. Me dio las gracias, me despedí y emprendí la retirada, pero no había dado ni un paso, cuando me llamó desde detrás del perejil. Perdona, me dijo. No tuvo que seguir hablando. Me giré y le tendí el billete. Ahora sí, le dije sacudiendo en mi mano derecha las dos monedas de veinte céntimos. Creo que no sonrió. Todavía sostenía mis billetes en la mano izquierda. No la pude mirar a la cara porque estaba buscando la mía por el suelo disuelta ya entre el hielo licuado y la mugre.
1 comentario:
te tengo fichao, figura
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