viernes, 3 de septiembre de 2010

The Karate Kid (2010)


Seguro que si el señor Miyagui levantara la cabeza, esta nueva versión del film que le valió la nominación al oscar al mejor secundario (aunque no la estatuilla) se la volvería a tumbar como si de un inesperado mawashi-geri en toda la cara se tratara. Pero no porque la peli dure más de dos horazas, ni porque le hayan recortado o modificado notablemente casi todos los episodios que lo elevaron a la categoría de mito ochentero, ni porque se muestren espeluznantes escenas de violencia infantil (críos de doce años rompiéndose las extremidades) ni siquiera porque Jackie Chan luzca mucho mejor como artista marcial, sino porque tras tantos años de insoportable Guerra Fría, ahora resulta que China y Estados Unidos son colegas.
Sí, amig@s, mientras el Tío Sam, mantiene el bloqueo comercial a cierta isla poblada por irreductibles caribeños, se permite el caprichito de grabar superproducciones en la Ciudad Prohibida o en la Muralla china. Porque todo es Kung-fu y hay que utilizar el conocimiento para hacer el bien y tratar bien a la gente. Sí señor, otro ejemplo adecuado para quien no sea capaz de distinguir las diferencias entre comunismo y capitalismo de estado.
Más allá de las relaciones entre infraestructura y superestructura y soslayando el multiculturalismo buenrrollista (porque ya está bien de inverosímiles héroes blancos en las pantallas) hay que decir que para el espectador mitómano, la peli al detalle es imprevisible en referencia a la original, pero en global no deja de ser la clásica apología del esfuerzo personal. Y que el chiquillo protagonista es muy bonico y muy salao. Estoy loco por leer el cuento de Kenzaburō Ōe en que se basa ya la versión de 1984.

No hay comentarios: