martes, 31 de agosto de 2010

Humildes y libres

La crisis esa de la que tanto se habla me caló los huesos. Y aunque además de eso me faltan los afectos de siempre y el mundo sigue igual de injusto, es curioso, no me da por perder el tiempo extendiéndome contra los ricos perpetradores del desorden económico. No. Hay mucho que celebrar como para perder el tiempo con eso.

Una comprensión pausada, ni de esas de la racionalidad pura y dura, ni de esas emocionales viscerales, un aprendizaje desde otro lugar, consciente y conectado a la vida y la tierra, me dice que a pesar de todo, llega el otoño, y luego el invierno. Y no pasa nada. El mundo no se acaba por la crisis, ni siquiera el mío. La danza de la vida continúa por otras vías que la crisis no puede destruir, al contrario, las hace más fuertes: nos conecta más en emociones, en redes de apoyo, en creatividad artística. Un buen golpe al egocentrismo enajenador y al individualismo enfermante.

Hay que celebrarlo: si no pasa nada, es que no necesito tanto, ni yo ni ustedes, no necesitamos tanto. Y no necesitar tanto es un acto de transgresión radical. Es que va a ser que otra vida más feliz es posible. Una oportunidad para construirnos de nuevo, más humildes y más libres.

Y aunque toda la teoría nos falle, qué belleza aceptar el reto de dejarse desordenar los papeles, perderse y encontrarse, construirse para volver a empezar y empaparse mientras tanto de otra mirada más sabia. Sin lugar a dudas, ese es el camino para otro mundo posible. Señores poderosos del mundo: con esto no contaban, pero lo imprevisible es el as bajo la manga del pueblo libre.

7 comentarios:

Ebi Tempura dijo...

Humildes, libres... y valientes. Muy buena reflexión. Como siempre, Maestra.

Peskuezo de Eskuerzo dijo...

Me da la sensación de que la crisis no se debe a la voluntad popular sino a la imposibilidad de prolongar la borrachera hasta el infinito. Como es lógico nos toca un largo periodo de resaca en que el malestar afectará antes a los abstemios pobres que a los beodos ricos. Más o menos como siempre. Estoy de acuerdo en que nos viene de maravilla una cura de humildad para que (l@s currantes) no nos creamos lo que no somos y para que los burgueses reconozcan que su capitalismo no es infalible ni el fin de la Historia. Bien mirado es como un decrecimiento a la fuerza. Pero el cuento de la zorra y las uvas no me lo trago. La industria del armamento, por ejemplo, sigue haciendo misiles como churros.

Martukein dijo...

Querido Fray, es obvio que el mundo sigue igual de injusto (no sólo se hacen misiles como churros, sino que hay ricos como churros) y que el pueblo no quiere pasarlo mal en esta crisis de mierda, pero creo que el pueblo, a diferencia de los poderosos, tiene muchos más recursos que el dinero. Los ricos sólo tienen dinero. Y el hecho de que en época de crisis salgan a la luz estos recursos "humanos" que superan la lógica del dinero es totalmente celebrable en un contexto de capitalismo neoliberal salvaje como el que vivimos.
Y yo no hablaba de las bondades de la crisis por ser una cura de humildad (que suena un poco católico), hablaba de las posibilidades que nos brinda para cambiar nuestro enfoque sobre lo importante en la vida.

Peskuezo de Eskuerzo dijo...

Sí, yo hablaba del escarmiento, pero eso suena más católico todavía...no le veo ventajas a la pobreza.

Martukein dijo...

¿Y quien le ve ventajas a la pobreza a parte del facherío? Adoro la capacidad del ser humano para plantar cara a los problemas, no su condición de pobres, no las estructuras que perpetúan las injusticias.
Nada tiene que ver adular las potencialidades humanas del pueblo llano con justificar y complacerse de la pobreza. Se parece como un huevo a una castaña.

Peskuezo de Eskuerzo dijo...

Menos mal, pensaba que era el cuento del pobre niño rico... Perdone que le tire de la lengua!

Martukein dijo...

Ah, no, si yo me divierto y aprendo debatiendo, mientras más vueltas le damos mejor me lo paso yo, je!