En 1992, Philip Kerr imaginó el Londres de 2013 casi con tanta fe en la tecnología y tanta desconfianza en el ser humano como Orwell al profetizar 1984 en 1948. En cambio, su antiutopía no habla de un Estado totalitario sino de un Estado neoliberal y sirve sólo de escenario de una novela negra que sería impensable en términos realistas. El argumento lo conoceréis al leer la contraportada del libro. La trama se construye mediante la intercalación de los diarios en primera persona del asesino en serie, entre 19 capítulos en los que un narrador omniscente tradicional cuenta cómo la poli indaga para atrapar al homicida múltiple. Las referencias intertextuales a la literatura y a la filosofía son constantes en ambos discursos. El carácter de la protagonista, la inspectora jefe Jakowicz, está pidiendo a gritos un estudio de género (con más urgencia que la mayoría de personajes femeninos creados por varones, debido a sus peculiares rasgos constitutivos) pero aun así resulta creíble, tanto ella como la evolución psicológica que sufre. Menos verosímil resulta el desarrollo de una acción que se dilata demasiado en beneficio del entretenimiento y que acaba resolviéndose de una manera débilmente justificada. Tampoco dice mucho en su favor la banalización del marxismo que se desprende de algunos diálogos. Con todo, hay para unos cuantos días de lectura amena a medio camino entre el clásico y la literatura de consumo.lunes, 26 de julio de 2010
Una investigación filosófica, de Philip Kerr
En 1992, Philip Kerr imaginó el Londres de 2013 casi con tanta fe en la tecnología y tanta desconfianza en el ser humano como Orwell al profetizar 1984 en 1948. En cambio, su antiutopía no habla de un Estado totalitario sino de un Estado neoliberal y sirve sólo de escenario de una novela negra que sería impensable en términos realistas. El argumento lo conoceréis al leer la contraportada del libro. La trama se construye mediante la intercalación de los diarios en primera persona del asesino en serie, entre 19 capítulos en los que un narrador omniscente tradicional cuenta cómo la poli indaga para atrapar al homicida múltiple. Las referencias intertextuales a la literatura y a la filosofía son constantes en ambos discursos. El carácter de la protagonista, la inspectora jefe Jakowicz, está pidiendo a gritos un estudio de género (con más urgencia que la mayoría de personajes femeninos creados por varones, debido a sus peculiares rasgos constitutivos) pero aun así resulta creíble, tanto ella como la evolución psicológica que sufre. Menos verosímil resulta el desarrollo de una acción que se dilata demasiado en beneficio del entretenimiento y que acaba resolviéndose de una manera débilmente justificada. Tampoco dice mucho en su favor la banalización del marxismo que se desprende de algunos diálogos. Con todo, hay para unos cuantos días de lectura amena a medio camino entre el clásico y la literatura de consumo.
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3 comentarios:
Oido cocina....
Mmmmm, qué buena pinta...
Se me olvidó hablar de la metacriminalidad y tal, pero, Martukein, creo que está en la obligación de echarle un vistacín: lo presto por riguroso orden de comentario...
trampins
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