Soy la Beni. Bueno, me llamo Benita, pero todo el mundo me conoce por Beni. Me empezó a llamar así el cabrón de mi marido cuando nos conocimos con quince años. “Ay, mi Beni… Beni es más bonito y más cariñoso que Benita”, me decía el hijoputa. Ese no ha sabido en su vida qué era el cariño y menos conmigo. Claro, que yo en esa época tampoco sabía que él era un hijoputa y me lo creí. Cuando se fue y me dejó con el bombo, ahí sí: ahí ya empecé a ver claras las cositas.
Nací en Priego de Córdoba y me vine aquí con 12 años. La verdad es que ahora no sabría vivir en otro sitio. El barrio no es lo que se diría una maravilla, pero ya me he acostumbrao y a parte de algún malaje, el resto son trabajadores y honraos como yo misma.
Mi hija se llama Mari Nieves, pero se ve que le dicen La Macha. Me explicó un día por qué, pero me pareció mu raro y la verdad es que no me lo creí. “A ver, niña, si te llaman como una almeja, digo yo que será por algo y no mu bueno…”. Ahora, que ya se lo dije yo así allí mismo: “como tú me estés liando y me vengas cualquier día con un bombo, te echo a la calle irsofasto”. Y el caso es que es un trozo de pan, mi Mari Nieves, que la pobre casi ni abre la boca, y que de momento va trayendo buenas notas, no como el quinqui de la Manoli, el Josito, que es verlo y ponerme negra. Con esos pelos, esos pantalones pegaos que se los debe meter con calzador… Jesús, qué angustia me da verlo. Y la niña que lo defiende. Ahora, que ya se lo dije: “Tú di lo que te dé la gana, pero como yo te vea hablando con él, te meto una ostia que te hacen palmas las orejas”. Y parece que lo entendió.
Qué lástima me da mi Manoli, con lo buena gente que es.
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