La instrumentalización pública de las mujeres y sus cuerpos se viene materializando últimamente en el debate del uso del burka y el niqab en Catalunya, debate que se ha extendido también a la localidad malagueña de Coín. Hace ya algunas semanas que la polémica surgió en varias localidades catalanas dispuestas a prohibir el uso de estas prendas en los edificios públicos municipales. Y hasta hoy dura tan excelente cortina de humo. Sin ir más lejos, hoy se votaba en el Parlament català sobre la prohibición del uso del burka.
Y claro, ahí tenemos a l@s periodistas encantados de la vida. Nunca he visto un tema que les provoque mayor pasión que el uso del burka. Les pirra. Periódicamente prenden la chispa y el debate público se encabrona unas cuantas semanas con la cuestión. Ahora parece que están de suerte.
Mucho se ha debatido estos días, siempre aproximándose al tema desde posiciones binarias simples y excluyentes entre sí, del tipo“a favor”/”en contra”. No voy a entrar en los argumentos que se han citado por no desvirtuar la complejidad de la cuestión; lo que me parecería más útil para enfocar un debate donde se intentan mil maniobras de distracción por el camino, sería partir de preguntas como:
¿Por qué este debate AHORA?
¿Alguien de ustedes ha visto en los últimos años un número significativo de mujeres ataviadas con burka o niqab? (Yo me crucé con una mujer con niqab el otro día y era la primera que veía en mi vida).
¿Qué pasará con las pocas mujeres que usan burka o niqab y ahora sientan temor de salir a la calle o lo que es peor, sus maridos les prohiban hacerlo? ¿Se quedarán en casa? ¿O esas medidas les servirán para reforzarse más en el uso de la prenda como señal de identidad?
Claro, esta última cuestión no importa nada, porque en realidad la supuesta norma “salvadora” (pro igualdad, en lenguaje políticamente correcto) no está teniendo en cuenta para nada el bienestar de las mujeres que se supone pretende amparar. El interés es otro que dista mucho del bien público. Y tiene que ver con la nada despreciable rentabilidad política que da la creación de una amenaza sin fundamento como es que se generalice el uso de la prenda. En Cunit, donde sólo hay una mujer que lo usa, se aprobó ayer la prohibición del uso del burka en los edificios públicos. Y ni siquiera han hablado con ella antes de llevar adelante la prohibición. Eso sí, todo esto lo hacen por ella.
Y qué rédito político no tendrá esta cuestión que el propio Gobierno español, que antes no se mostraba dispuesto a tratarla, ha anunciado que se plantea incluirla en la futura ley sobre libertad religiosa.
Una de las características de la ley, según wikipedia es:
"(…) Abstracta e impersonal: Las leyes no se emiten para regular o resolver casos individuales, ni para personas o grupos determinados, su impersonalidad y abstracción las conducen a la generalidad."
Impersonalidad y abstracción… Fátima, se llama la mujer de Cunit, y ya está pensando en cambiar el burka por gorra y gafas de sol.
4 comentarios:
Ese AHORA se llama Benedicto XVI y la nueva cruzada contra el infiel.Todo esto va más allá de unos simples réditos electorales.La nueva cruzada extremoderechista de los neocons y los robertoalcázarypedrines gatoalagüescos. Mujeres con burka solo he visto un par, que entraron juntas a Mango, pero creo que se trataba de un montaje teatral. Algunas de mis vecinas llevan niqab. Son las que me han comentado que es poco práctico para ir a la playa, aunque la ley no la hacen por eso, sino porque, en cambio, es ideal para asistir a manis contra el G20 o atracar sucursales. Dicen que si lo prohiben sólo en los centros públicos así se evitarán a hacer colas y eso debe ser considerado una conquista histórica del hembrismo de corte islamista ¡A la igualdad que le den (por todos los lados)! Hay que disculparlas porque tienen un exagerado sentido del humor y les gusta decir muchas burradas. Claro, como no dan la cara!
Yo he visto una mujer UNA vez con Niqab...........en Bruselas......
Por dios!
Iba a hacer un comentario contenido, argumentado, razonado y esas cosas, pero he decidido ser más directa: es pa cagarse.
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