lunes, 26 de julio de 2010

Una investigación filosófica, de Philip Kerr

En 1992, Philip Kerr imaginó el Londres de 2013 casi con tanta fe en la tecnología y tanta desconfianza en el ser humano como Orwell al profetizar 1984 en 1948. En cambio, su antiutopía no habla de un Estado totalitario sino de un Estado neoliberal y sirve sólo de escenario de una novela negra que sería impensable en términos realistas. El argumento lo conoceréis al leer la contraportada del libro. La trama se construye mediante la intercalación de los diarios en primera persona del asesino en serie, entre 19 capítulos en los que un narrador omniscente tradicional cuenta cómo la poli indaga para atrapar al homicida múltiple. Las referencias intertextuales a la literatura y a la filosofía son constantes en ambos discursos. El carácter de la protagonista, la inspectora jefe Jakowicz, está pidiendo a gritos un estudio de género (con más urgencia que la mayoría de personajes femeninos creados por varones, debido a sus peculiares rasgos constitutivos) pero aun así resulta creíble, tanto ella como la evolución psicológica que sufre. Menos verosímil resulta el desarrollo de una acción que se dilata demasiado en beneficio del entretenimiento y que acaba resolviéndose de una manera débilmente justificada. Tampoco dice mucho en su favor la banalización del marxismo que se desprende de algunos diálogos. Con todo, hay para unos cuantos días de lectura amena a medio camino entre el clásico y la literatura de consumo.

Calorías y Frigorías

domingo, 25 de julio de 2010

Por eso

Se siente una extraña cuando se enfrenta a esas situaciones trascendentales que siempre se quieren evitar, cuando mira por primera vez a los ojos intuyendo la dificultad extrema, pero también la firmeza, la voluntad y el deseo, unidos para seguir aferrado a la vida.

Se siente una extraña cuando ve a quien supo vulnerable, decidido a afrontar las cosas con la ilusión de un adolescente, con las ganas de bromear, hablar, sentir, contar y presumir que una creyó que no volverían, que incluso no llegó a conocer nunca antes.

Se siente una extraña cuando lee en los ojos de alguien ese amor que sólo supo real en las novelas, que una se empeñó en creer que no existía para poder afrontar la vida sin una terrible sensación de fracaso, de no haber sabido conseguirlo.

Se siente una extraña cuando tras 30 años de vida en común oye decir sin temblar la voz y con la mirada fija, a él: “-La vida a veces va así: te cambia en un segundo y no hay nada que hacer”; y a ella: “-Sí, por eso es tan bonita y hay que vivirla siempre como si fuera el último día”; y a él, de nuevo: “-Sí, y por eso me casé contigo”. Y continúa mirándola fijamente como si no hubiera nadie más en la habitación. Y ella se emociona. Y las que estamos presenciando ese momento también.

Más tiempo, por favor. Por favor, más tiempo.

viernes, 16 de julio de 2010

Camuflaje para calvos

Sospechosos habituales



En mi nevera habitan personajes que llevan conmigo desde hace tanto… Hemos mantenido grandes conversaciones silenciosas, mientras nos mirábamos a los ojos: ellos temiendo las terribles torturas a las que los podía someter para hacerles desaparecer, y yo intentando reconocer su lozanía original, recordar la fecha en la que los compré. Quizás debiera fotografiarles de cara y de perfil antes de introducirlos en la nevera y dejar que el tiempo los transforme hasta que yo misma me sorprenda de haber comprado algo amarillo que algún día fue un limón, o un cuerpo verde y alargado, que en algún momento alguien introdujo en una bolsa y etiquetó como pimiento.

No, no soy una buena cocinera. Bueno, no soy ni buena ni mala. No cocino. Hace poco, un albañil, con ese gracejo habitual que los caracteriza aunque caiga un sol de espanto, o quizás justamente por ese motivo y a causa de la deshidratación y las alucinaciones que ésta les provoca, me gritó desde un andamio: “si caminas como cocinas, me caso contigo en la primera esquina”. Por poco me descojono allí mismo. Si caminara como cocino, estaría en silla de ruedas.

Los sospechosos habituales de mi nevera, los que más tiempo llevan conmigo, a los que reconocería hasta en la otra punta del mundo con sólo darles una ojeada, son un huevo pelón, que se ha quedado solito en su envase de plástico de media docena, y mi amado y consabido bote de salsa Espinaler, que vive en esa absurda sección de la puerta de la nevera que tiene una tapa de metacrilato y dibujicos de queso y mantequilla.

Amo a mis sospechosos habituales. Estoy pensando seriamente en llevármelos de vacaciones en el equipaje de mano.

viernes, 9 de julio de 2010

La Beni

Soy la Beni. Bueno, me llamo Benita, pero todo el mundo me conoce por Beni. Me empezó a llamar así el cabrón de mi marido cuando nos conocimos con quince años. “Ay, mi Beni… Beni es más bonito y más cariñoso que Benita”, me decía el hijoputa. Ese no ha sabido en su vida qué era el cariño y menos conmigo. Claro, que yo en esa época tampoco sabía que él era un hijoputa y me lo creí. Cuando se fue y me dejó con el bombo, ahí sí: ahí ya empecé a ver claras las cositas.

Nací en Priego de Córdoba y me vine aquí con 12 años. La verdad es que ahora no sabría vivir en otro sitio. El barrio no es lo que se diría una maravilla, pero ya me he acostumbrao y a parte de algún malaje, el resto son trabajadores y honraos como yo misma.

Mi hija se llama Mari Nieves, pero se ve que le dicen La Macha. Me explicó un día por qué, pero me pareció mu raro y la verdad es que no me lo creí. “A ver, niña, si te llaman como una almeja, digo yo que será por algo y no mu bueno…”. Ahora, que ya se lo dije yo así allí mismo: “como tú me estés liando y me vengas cualquier día con un bombo, te echo a la calle irsofasto”. Y el caso es que es un trozo de pan, mi Mari Nieves, que la pobre casi ni abre la boca, y que de momento va trayendo buenas notas, no como el quinqui de la Manoli, el Josito, que es verlo y ponerme negra. Con esos pelos, esos pantalones pegaos que se los debe meter con calzador… Jesús, qué angustia me da verlo. Y la niña que lo defiende. Ahora, que ya se lo dije: “Tú di lo que te dé la gana, pero como yo te vea hablando con él, te meto una ostia que te hacen palmas las orejas”. Y parece que lo entendió.

Qué lástima me da mi Manoli, con lo buena gente que es.

jueves, 8 de julio de 2010

Contracampaña

Alfonso, el portero

Escasos segundos antes de que, desde la oscuridad de su pecera, el portero observó la silueta de los dos jóvenes a punto de cruzarse en la escalera, se diría que por los pasillos de las casas de apuestas que manejaba en su interior atufaba a inicio de una hermosa amistad. Pero no fue así.

Había esa noche algo en la atmósfera de ese teatro que le indujo a maximizar su atención. Algo que empezó a fraguarse vertiginosamente en el momento en que el ruido del ascensor atronó cortando el aire como una sinfonía hitchconiana. El descenso, procedía del tercer piso y no era difícil adivinar que ese acompasado tren de la revolución industrial transportaba con toda certeza a esa joven tan rara que se miraba fijamente al espejo. Esa imagen y la de la vuelta a casa de Josito que no atinaba con la llave eran dos líneas que tenían que converger en un punto.

Sabiendo que la colilla lo delataba, su prudencia de conserje lanzó el cigarrillo al suelo y lo pisoteó mecánicamente mientras exhalaba el humo y analizaba la situación como un obsesivo director de escena.

Los personajes irrumpieron en el escenario observados por el bedel en perfecta penumbra, quien de repente, advirtió que en el aire se había colado algo inusual. Era algo etéreo que flotaba como una bola invisible en el ambiente. Quemando si dar llama, revoloteando a una velocidad vertiginosa. Como un aroma, como una chispa que está por producirse. Esa repentina visión, ese aleph inesperado acabaron por turbarle por momentos y no pudo sofocar un carraspeo involuntario.

A partir de ahí todo se produjo de manera precipitada. El ruido de su garganta luchando por salir de un momento en el que se había quedado sin respiración le habían impedido oír el inicio de la conversación. Lo que vino a continuación fue la voz de Josito: -“Ranciancia”, reemarcando la r: “r-r-r-r-r-rancia, que eres una r-r-r-r-rancia” y los dos jóvenes se separaron airados.
Aquella magia, aquella presencia invisible se había disipado de manera brusca, como el epílogo que supondrían los portazos -casi simultáneos- a los pocos segundos.

Una vez el silencio volvió a instalarse en la escalera estuvo reflexionando sobre el suceso desde la dolorosa conciencia de su existencia: la misma que le había desterrado como portero en una finca vecinal y que le negaba el boleto a cualquier felicidad por pequeña que fuera, en forma de mujer.

Y el alba le sorprendió recordando el aleph como algo ya pasado e inexplicable, como una luciérnaga que baja del cosmos, como una brisa o un zumbido que vienen de muy lejos, como el polvo de las alas de las mariposas surgidas de la caverna subterránea de un sueño. Algo que en el fondo, en el triste fondo, no le concernía, pero era embriagador

I can't believe it

Pena ajena...

http://www.cuatro.com/mundial-sudafrica-2010/participa/futbol-y-hombres/#

martes, 6 de julio de 2010

La Macha

Me llaman la Macha. Todavía no sé muy bien si es porque nunca he salido con ningún tío y algunos creen que soy lesbiana, o porque como suelen decir los de mi clase cuando dan las notas de los exámenes, porque soy una machaca del copón. Supongo que es por las dos cosas. La gente es muy cabrona y para la mala leche en este barrio siempre hemos estado sembraos.

Lo que más miedo me da en este mundo es acabar fregando escaleras como mi madre. Y ella ya se encarga de que me dé tanto miedo como para haberme convertido en la Macha. “No querrás acabar como yo, limpiando la mierda de otros”. “Estudia, hija mía, que no sabes lo que es poder ir por la vida con la cabeza bien alta y no como tu madre”. Y así todos los días, que la tía se basta sola para joderme el ánimo guapamente.

Nunca he me he enrollado con ningún tío. No me pinto, no me arreglo como las de mi clase, ni espío a los de ciencias por las ventanas del laboratorio cuando están en prácticas. He decidido que saldré con chicos cuando acabe la carrera. Cuando ya me pueda distraer y hacer cosas divertidas sin miedo a que se me tuerza el futuro. Todo esto, claro, no se lo explico a nadie, porque tampoco lo entenderían. Si se lo explicara a alguna de las de mi clase, seguramente me dirían que estoy loca. Ya bastante pena es cargar con el sambenito de ser empollona y virgen… Bueno, no os creáis que es porque soy muy fea, que tampoco es eso. Un poco borde sí que soy a veces, pero nadie entiende que es por timidez: por puro miedo. Un día, Josito el Jevi me dijo no sé qué cuando nos cruzamos en el portal y me puse nerviosa. Le contesté mal y me dijo que era una rancia. Josito es mi vecino y el día que me dijo rancia lo dijo así, remarcando la r: “r-r-r-r-r-rancia, que eres una r-r-r-r-rancia”. Qué mal me sentó.

sábado, 3 de julio de 2010

Ternura

¿Habéis analizado alguna vez esta emoción que llamamos ternura? ¿Es alegre, es triste la ternura? ¿No parece más bien la ternura una semilla de sonrisa que da el fruto de una lágrima?

Ortega y Gasset

Señor Gasset, ahora que lo pregunta, me apasiona analizar. Porque aprendo sintiendo y disfruto pensando. Aunque el mundo se divide en dos parcelas irreconciliables, el espacio público donde se piensa y el privado, donde se siente, y las normas dicen que hay que ir con mucho cuidado en no hacer lo contrario de lo que toca, y la sensatez dice que hay mucho que perder si se hacen mezclas prohibidas, mi acertada intuición siempre me dijo que es mucho más sensato transitar por la desconocida vía de en medio.

Y aunque por todo eso me apasiona la mezcla que significa analizar ternura, nunca antes lo hice, Sr. Gasset. Lo que pasa es que mire ud., la vida me puso delante de los ojos dos imágenes tan diferentes entre sí, que no me explico cómo encontré tantísimo parecido: dos cuerpos a la espera de la vida. Y en ambos la marca de la ternura, que es ese punto exacto donde se cruzan la alegría por la vida y la pena por la fragilidad. Uno de los cuerpos transita de la alegría a la fragilidad, el otro, de la fragilidad a la alegría. Uno se enciende y el otro se apaga.

Quizás ese punto de encuentro que ansío encontrar con mis cábalas, sólo sea la confusión a la que me arrastra la tristeza. Pero en cualquier caso, suerte tengo que sus sabias palabras, Sr. Gasset, me iluminaron la oscuridad que a menudo acompaña al camino de en medio. Ahora entiendo mejor lo que sentí. Y siento más lo que entiendo.

Pride top ten

1.- Las Grecas, Orgullo
2.-José Alfredo Jiménez, La mitad de mi orgullo
3.-Andrés Calamaro, De orgullo y miedo
4.-Salomón Robles, Por orgullo
5.- Los Tigres del Norte, Maldito orgullo
6.-Sin perdón, El orgullo vale más
7.-Dúo Kie, Orgullo
8.-El barrio, Orgullo
9.- Grupo Sabor de Ecuador, Mi orgullo
10.- Conjunto Río Grande, Y me tragué mi orgullo

*

Una carta

Objetos encontrados

Idir



Hamid Cheriet Idir
letra traducida en elcorazónlateconfuerza

jueves, 1 de julio de 2010

Continuemos alimentando la máquina electoralista

La instrumentalización pública de las mujeres y sus cuerpos se viene materializando últimamente en el debate del uso del burka y el niqab en Catalunya, debate que se ha extendido también a la localidad malagueña de Coín. Hace ya algunas semanas que la polémica surgió en varias localidades catalanas dispuestas a prohibir el uso de estas prendas en los edificios públicos municipales. Y hasta hoy dura tan excelente cortina de humo. Sin ir más lejos, hoy se votaba en el Parlament català sobre la prohibición del uso del burka.

Y claro, ahí tenemos a l@s periodistas encantados de la vida. Nunca he visto un tema que les provoque mayor pasión que el uso del burka. Les pirra. Periódicamente prenden la chispa y el debate público se encabrona unas cuantas semanas con la cuestión. Ahora parece que están de suerte.

Mucho se ha debatido estos días, siempre aproximándose al tema desde posiciones binarias simples y excluyentes entre sí, del tipo“a favor”/”en contra”. No voy a entrar en los argumentos que se han citado por no desvirtuar la complejidad de la cuestión; lo que me parecería más útil para enfocar un debate donde se intentan mil maniobras de distracción por el camino, sería partir de preguntas como:

¿Por qué este debate AHORA?
¿Alguien de ustedes ha visto en los últimos años un número significativo de mujeres ataviadas con burka o niqab? (Yo me crucé con una mujer con niqab el otro día y era la primera que veía en mi vida).
¿Qué pasará con las pocas mujeres que usan burka o niqab y ahora sientan temor de salir a la calle o lo que es peor, sus maridos les prohiban hacerlo? ¿Se quedarán en casa? ¿O esas medidas les servirán para reforzarse más en el uso de la prenda como señal de identidad?

Claro, esta última cuestión no importa nada, porque en realidad la supuesta norma “salvadora” (pro igualdad, en lenguaje políticamente correcto) no está teniendo en cuenta para nada el bienestar de las mujeres que se supone pretende amparar. El interés es otro que dista mucho del bien público. Y tiene que ver con la nada despreciable rentabilidad política que da la creación de una amenaza sin fundamento como es que se generalice el uso de la prenda. En Cunit, donde sólo hay una mujer que lo usa, se aprobó ayer la prohibición del uso del burka en los edificios públicos. Y ni siquiera han hablado con ella antes de llevar adelante la prohibición. Eso sí, todo esto lo hacen por ella.

Y qué rédito político no tendrá esta cuestión que el propio Gobierno español, que antes no se mostraba dispuesto a tratarla, ha anunciado que se plantea incluirla en la futura ley sobre libertad religiosa.

Una de las características de la ley, según wikipedia es:

"(…) Abstracta e impersonal: Las leyes no se emiten para regular o resolver casos individuales, ni para personas o grupos determinados, su impersonalidad y abstracción las conducen a la generalidad."

Impersonalidad y abstracción… Fátima, se llama la mujer de Cunit, y ya está pensando en cambiar el burka por gorra y gafas de sol.

Carne de container

Balalaikas

Que no se calle mi calle