domingo, 16 de mayo de 2010

Lágrimas de venganza

La historia que me da por imaginar discurre en un ambiente diplomático. Políticos y jefes de estado, oro y perlas, gemelos y tacones de aguja, peces gordos como siluros gigantes en los estanques de la realeza, la creme de la creme.
Inopinadamente, don Juan Carlos de Borbón y Borbón, recientemente intervenido de un efisema pulmonar, le pide a Sarkozy que le aguante la copa y tras una breve y eléctrica carrera, se arroja al vacío por la ventana del piso superior del Palacio de Versalles como si fuera a zambullirse en una piscina. Sin más, dejando en los presentes un escalofriante daguerrotipo: en el aire, partiéndose la caja, feliz como una lombriz, muriendo en el acto tras una caída de veintiséis metros.
La música se para a los pocos segundos para dar paso a una abrumadora consternación. Los cámaras corren aparatosamente hacia los balcones de palacio para filmar el cadáver del monarca contorsionado como una marioneta. Sarkozy estupefacto aguanta la copa del rey y cuando las antorchas le apuntan hace una mueca, apura la copa de un solo trago, sonríe enigmáticamente y se tira por la ventana.
La gravedad del asunto obliga al dispositivo policial a establecer un perímetro de seguridad a la sazón inútil porque la pipeta que adulteró el champán duerme segura bajo los senos de la reina.

3 comentarios:

Ebi Tempura dijo...

¡Viva la Reina!

Felipe V dijo...

Los senos de las reinas siempre dan de si

Peskuezo de Eskuerzo dijo...

Verosímil: ningún detective cachearía los senos Reales. Pero, ¿cuál fue el móvil? Intuyo por el título que la venganza, pero a causa de la infidelidad conyugal o de la crisis griega?