lunes, 22 de febrero de 2010

Un relato que debí haber escrito así en 1998

Cuando el poeta Leopoldo Lugones conoció el suicidio de su amigo, el novelista Horacio Quiroga, reprochó al difunto que se hubiera suicidado mediante la ingesta de cianuro, literalmente, "como una vulgar sirvienta".
La relación que mantuvieron desde que se conocieron en 1903 ha sido glosada frondosamente por sus biógrafos. El contraste entre sus actitudes vitales y su antagonismo ideológico, así como un estilo literario diametralmente opuesto, no impidió que mantuviesen una grata amistad. Se conocían bien. Tanto que ambos eran capaces de prever los razonamientos, las argumentaciones, las opiniones que iba a articular el otro ante un determinado asunto, antes de que se formularan. Por eso, aunque Leopoldo hubiera fundado un partido de corte nazi, La Guardia Argentina, sabía que, de haberlo podido escuchar, su amigo Horacio, le habría criticado los prejuicios que implicaba su afirmación. No por pretender menoscabar su virilidad al compararlo con una mujer, sino por connotar que las sirvientas eran más cobardes que los literatos de la oligarquía rioplatense. Durante el resto de sus días, Lugones vivió atormentado por lo que había dicho y en sus delirios pedía perdón a su amigo, profundamente arrepentido por su indiscrección. El espectro de Quiroga se le apareció en sueños una noche de enero. Al pie de la cama le pedía que comprara cianuro en una botica de Corrientes con el pretexto de exterminar unas impertinentes cucarachas.
Un mes después, la noche en que se cumplía un año de la defenestración del autor uruguayo, su desmejorado ectoplasma volvió a aparecer. Esta vez fue en la habitación del hotel de recreo El Tropezón, que Lugones había reservado en San Fernando, provincia de Buenos Aires, Segunda Sección del Delta. Entró a través de la puerta. El autor argentino sirvió dos copas de whisky. El fantasma añadió a los vasos el contenido del frasquito de vidrio anaranjado que había sobre la cómoda. Pasaron el resto de la madrugada hablando de literatura. Disfrutaron tanto como en los viejos tiempos del Consistorio del Gay Saber.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Horacio Quiroga uno de mis lecturas de infancia...Cuentos de la Jungla....

K