jueves, 25 de febrero de 2010

Los cristales rotos

Contemplé con temple como la unidad de limpieza motorizada de una empresa subcontratada por el ayuntamiento blanqueaba mi mural. Era la hora del aperitivo. No se cumplían ni doce horas desde que lo acabé. Dudo que alguien, aparte de mí, fotografiara la pintura. Sé que el graffiti es efímero, pero nunca había pensado que lo fuera tanto. Había gastado unos euros en comprar colores. El aerógrafo era prestado.
Pensé, hay quien prefiere un muro en blanco a uno pintado. Recordé la teoría de los cristales rotos. Un teniente de la policía de Washington DC la explicaba, hace aproximadamente siete años, en un reportaje. Si dejamos un cristal roto en la ventana de una nave industrial, en poco tiempo estarán rotos todos los vidrios del edificio. Si dejamos una pared dibujada y coloreada, toda la ciudad aparecerá pintada. Mejor no. Para eso se inventaron los marcos, para poner dentro las pinturas. Para eso se inventaron las marcas, para hacer negocios con los muros.
El equipo de limpieza acabó su trabajo a las 13 horas, justo cuando terminé mi cerveza. El fruto de mi trabajo estaba completamente cubierto por unas capas de pintura acrílica de color hueso algo más clara que el tono original de la pared. Mi obra ha durado menos de medio día. No me gusta la palabra eternidad, pero tampoco pierdo la esperanza de que la siguiente aguante hasta que caiga el muro.

(pintada: escif
)

1 comentario:

Baquiat dijo...

Pintemos las paredes!!!!!!!!1

Y volvamos a pintarlas ..... y volvamos a pintarlas ....

Escif: Genio