El Loko del ukelele se sube a la terraza comunitaria de un edificio bajo del casco antiguo. Puede ver el mar entre dos edificios lejanos. Está alta la marea. Pasa la mañana tocando y fumando. Desayuna fuerte: pan con tomate, café con leche. El día que llueve se jode. No sale del cuarto y no toca. Se estira en la cama. Oye la radio. Aprovecha para sacar el churre de la casa. Si hace sol, sube. Y hace Sol y La y Si y Do y Re y Fa y Mi. No precisamente en este orden. Por la tarde se va a la playa. Camina mientras toca o al revés. La gente suele sonreir a su paso. Cuando encuentra algún músico callejero, especialmente si es de viento, para de tocar y escucha. Lleva el instrumento atado con un trozo de soguilla. Muchas tardes se sienta en la playa y rasca las cuatro cuerdas frente al horizonte. A veces, ante el mar, recuerda la noche en que, tras colarse en una piscina pública, se subió al trampolín acompañado por la Loka de la tuba. Hicieron un concierto. Estuvieron allí hasta el amanecer bebiendo vino e interpretando melodías improvisadas. Acabaron lanzando los instrumentos al vaso de dimensiones olímpicas para saltar ellos después, desnudos y abrazados en un beso largo y tan fuerte que no se deshizo por el impacto contra el líquido clorado. En aquel momento empezó a llover. El polideportivo era descubierto. Nadaron hacia la escalerilla y salieron tranquilos buscando un sitio seco. Su guitarrita flotaba, la tuba no. Preciosos y dolorosos recuerdos. Siempre que le vienen al ánimo grita un sonoro ¡yiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiihhhhhhhhhhhaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
2 comentarios:
Ayer terminasteis cantando por casualidad?????
Algún cantecito nos echamos pero discreto, no a voz en cuello como otros días...Escuchamos pasar al Loko del ukelele
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