sábado, 20 de febrero de 2010

El amor en los tiempos de destrucción

Sabado, 20 Febrero. Sopa de cebolla. Lomo empanado, papas al horno. Natillas. Café.Vino. Orujo de café. Chocolate. Chocolate. Chocolate. Amigas.Amigos

Relatos resultantes

Opus 1

Siempre ocurría lo mismo. Tras cierta euforia se subía al cadalso. Y no había perdón. Tenía que abandonar los antros de mala muerte cuando el primer espejo descubría los estragos del tiempo. Un tiempo que había sido implacable con él, jubilando hace dos décadas su escaso atractivo. Apuró el último trago aceptando la derrota. Era el ocaso.
Escuchaba a Charlie Winston y su Tongue tied bajo la lluvia el día de su deshaucio, sin pertenencias, como los hijos de la mar. Un reproductor de mp3 que se encontró en el metro era su única brújula mas tres cartones de don Simón diarios, su lastre.
Acabó bajo un puente en las afueras de la ciudad, con un tremendo corte en la cabeza tras una agresión. Y le despertó un ángel desdentado sanando sus heridas. Hacía un frío tremendo y la respiración del ángel era una máquina de vapor. Apenas hablaba pero la perfección de sus ojos azules fueron la mejor de las respuestas. Y les dio por llorar.


Opus 2

Llorar era lo único que le quedaba. Derramar la última gota. El último suspiro. Eso al final, dio lugar a un milagro inesperado y brutal. Una explosión de risa, de alharaca, de ruido, de choque de voces. El camino pues habia sido la lágrima. Suspiró extrañada pero contenta de haber pasado por ese sendero, al principio extraño; Luego, la luz. Luego camino. Luego

Opus 3

Luego un beso.
La esencia de una vida. El beso más largo, más dulce, más húmedo y brutal impregnado de identidad, impregnado de eternidad.

Opus 4

Se abrazaron el frío. Se frotaron los abrigos y tembló cada una de las capas que les aislaba del mundo.
Un mechón de pelo entre las cejas marcaba la asimetría de azul desagastado. Ojos llenos de nada y hartos de ruido. Un mechón de pelo que subrayaba el desequilibrio azul de años en la mochila.
Blanda. Se le ponía blanda la boca cuando no le quedaba más pila que un instinto musical educado a base de humo y güisqui. Cuando el túnel nocturno llegaba a su fin, se le reblandecían las encías masticando melodías en lata. Próxima parada penitents.
Era su parada.
Sorbieron rápido el aire entre sus besos. Aspiraron interrogantes y escupieron exclamaciones en el transbordo. Y en las manos se palparon el peso de los paréntesis y la madrugada. Les salían por las orejas las ganas de lamerse las heridas, rasgarse las vestiduras, olerse el hedor.
Que olía a calle y a madrugada. Y a tintorro y a duermevela. Y a túnel y a colchón frío.
Callosos y pavimentados salieron al aire libre.

Opus 5

La lluvia les recibió sin educación. Sucia y fría. Y entendieron que las trompetas que atronaban no les convertía en jerarcas de nada. Se tocaron y se sintieron reales, y volubles, y moldeables. Y Mojados se susurraban botellas al mar. Cómeme. Bébeme. Empápame. Succióname.
¡Robinsóóóóóóóóón!

Opus 6

Se subieron en un autocar para andalucía y viajaron de noche. Esa noche, ese viaje estaba dejando una hermosa huella, del palo elbow on the radio. El autocar desembarcó en Cádiz bajo un sol de membrillo. Se dirigieron al mar como preadolescentes. Al mar.

Opus 7
Averiguaron que el mercante traficaba con opio. Cuando las autoridades portuarias quisieron abordarlo, la mafia ya había empezado a hundir el barco. Antes muerta que sensilla,
Descubrieron con estupor que no había salvavidas para todos, y el estupor quedó olvidado cuando aparecieron, de una forma natural, los primeros atropellos, las primeras dentelladas. En medio de esa carnicería naval nuestros enamorados se preguntaban. ¿Dónde se fue el amor?

2 comentarios:

miércoles dijo...

mensajes en un botellón

Peskuezo de Eskuerzo dijo...

¿El Opus en el careto? Cuando empecé a leer esto en el locutorio sólo había 3 y ahora veo que hay 7. Se multiplican como los Gremlins, Las natillas llevaban galleta? ¿canela? Eso lo explica todo!