Una selva de signos superpuestos
medio talada a golpe de machete,
las sirenas en play-back y en falsete,
orillas asfaltadas como puertos.
Cargueros que naufragan en esquinas
y se hunden sin dejar tesoro alguno,
islotes aislados de uno en uno,
bucean en lo seco las vecinas.
Espejos reflejados en el muro,
nublados estampados en el charco,
ventanas que se abren, aseguro,
a un paisaje absurdo de letargo,
a una calma chicha de cianuro,
a una infame vista por encargo.
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