lunes, 18 de enero de 2010

La evasión de los iconos

La mirada del santo precintada por la autoridad competente. Prohibido contemplar lo que pasa en la plaza. No sea caso de que te entren ganas de pecar. La mirada del niño rompe los límites impuestos y se asoma ufano para ver la tarde en plena lluvia. Para ver a los vagatas que se agazapan en los soportales. Al coche patrulla aparcado a sus espaldas. A los patinadores que esperan a que escampe. A los lateros que auguran malas ventas. Su color dorado contrasta con todo lo que ve. Su nube ahora vuela demasiado bajo. Los pies se enfrían mucho sobre las nubes húmedas aunque sean de yeso. En el interior de la parroquia olía a cerrado. No quieren saber cómo huele el museo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

tremenda vaina!

genial!!!!!!!!!!!!!!

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