miércoles, 4 de noviembre de 2009

La gallina y los demás

La ventana de Internet, esa que te acerca al mundo –o a veces, te aleja de él- hoy guardaba una sorpresa. Estaba siendo un miércoles como todos los miércoles, sin elección en la cadena de acciones de las primeras horas, a rastras con la fatalidad laboral… Apenas una ojeada a la agenda, encender el PC, desoír la primera pregunta sobre las tareas del día, entenderla, procesarla, mascullar una respuesta que la lucidez de la mañana te presenta como obvia y que te genera cierto cabreo por tener que hacer tú el esfuerzo de verbalizarla, y… entrada en el Google. Aparecen las patas –¿o debería decir mejor los pies, pues era un personaje muy de carne y hueso?- de la gallina Caponata (al menos, ese era su nombre aquí).

Y es que resulta que hoy se cumplen 40 años de Barrio Sésamo. Las 8.15 h de la mañana y una cascada de personajes bailan por mi cerebro con sus voces, sus colores, sus narices de fieltro, sus ojos redondos siempre fijos, siempre vivos, sus bailes de brazos inarticulados y rígidos… Coco, Epi, Blas, la rana Gustavo, la Jaca Paca, aquel señor que hacía sonidos, el Conde Drácula que contaba cosas y todos los demás.

Recuerdo entre las pocas clases aprovechables de la facultad, una que trataba sobre educación a través de medios de comunicación y el trabajo que se hacía desde la factoría de Jim Henson. Al parecer, los personajillos eran así de raretes para enseñar a los críos que el mundo es variado, que todos somos diferentes y que esa diferencia de todos y cada uno de nosotros, en realidad nos iguala. Nunca me lo planteé cuando era una enana, claro. A mí me hacía reír Coco y me daba miedo el Conde que contaba cosas (quizás de ahí mis problemas con las mates años después). La cosa es que, aunque no era mi favorita para nada, me ha alegrado la presencia orbital de las patas de Caponata hoy en Google, recordando la diferencia, la variedad, la rareza y la alegría de aceptarla sin darle más vueltas. Como se aprende a hacer el primer día de colegio. Toda una concesión a la memoria de los niños que fuimos.

3 comentarios:

Peskuezo de Eskuerzo dijo...

Muy inquietante todo. Entonces y ahora. Dicen que la sintonía de este programa sonaba non-stop en la cárcel de Guantánamo. Está en la lista. Ahora entiendo al cejacas:

http://www.youtube.com/watch?v=H6gjvAA66EM&feature=related

Ebi Tempura dijo...

Claro, visto desde el presente de adultos, con nuestras sanas paranoias de la edad y demás, la cosa se convierte en inquietante, lo admito... El cejacas tiene pinta de que le ponen los niños y el mandarina, aunque parezca tonto, seguro que hace siempre lo que le sale de los gajos y va por ahí jodiendo al personal y apedreando perros. Lo de Guantánamo me parece una barbaridad digna de Treblinka, vamos.

Martukein dijo...

Me encanta la sonoridad del nombre jaca Paca. Otra palabra que escuché ayer y me encanta también es pírrico. Me están soplando que viene de Pirro, rey de Piro*, un tipo que ganó una batalla y parece que finalmente no fue bueno porque les llevó cosas negativas. O algo así. "Dicho de una victoria obtenida con más daño del vencedor que el vencido".

* También muy grande la expresión "me las piro, vampiro", que a su vez me remite al personaje draculesco que contaba los truenos y se reía.