martes, 29 de abril de 2008

"¡Todos tenemos el derecho de ser felices!"

·


El lema del título estampado en letras amarillas sobre el reverso de camisetas rojas es una exigencia que se grita desde los primeros minutos del metraje de LT22 Radio La Colifata, un documental de Carlos Larrondo que expone, de manera sensible y caótica, la historia de la experiencia radiofónica de los internos del hospital neuropsiquiátrico bonaerense Dr. José T. Borda.
Alfredo Olivera comenzó el trabajo en 1991, cuando todavía era estudiante, de manera casi artesanal con un grabador portátil en el que registraba material sonoro para después montarlo en cintas magnéticas emitidas a escasa distancia. Este hecho demuestra que no necesitamos tanto medios técnicos como voluntad de hacer para modificar una situación. En su caso, consiguió mejorar las condiciones de vida de los pacientes, desde el punto de vista de la calidad emocional. Las voces que suenan en la mente pueden silenciarse cuando se es consciente de la existencia de alguien que escucha. En el documental se explica y se muestra. Cualquiera que conozca, aunque sea de pasada, la situación de los centros de salud mental, sabe que, por lo general, es deplorable y que nunca se hace lo suficiente, menos aún cuando no se atiende el problema y se les condena al ostracismo más denigrante: el ninguneo.
Con una propuesta narrativa que respeta la lógica temporal, la película arranca a finales de la década de los noventa y nos muestra el desarrollo de la radio hasta el 2005. El hilo sólo se altera por alguna licencia propia del vídeo clip que viene a identificar forma y fondo, de camino hacia el crecimiento de la iniciativa, con la colaboración externa de medios nuevos y el hermanamiento con experiencias herederas de otras partes del mundo (Barcelona, Toulouse, Mantova) Siempre abrigado por una deliciosa banda sonora compuesta por Manu Chao. Pero, más que la historia, el documental ofrece la parte humana con los testimonios y la participación de los locutores. Se trata de una cinta muy recomendable para quien desee ir más adentro de la superficialidad propuesta en los spots de la conocida marca de refrescos, que ha utilizado el tirón colifato para vender más latas y para quien todavía conserve un poco de sensibilidad en esta jauría voraz de rostros que no sonríen.

2 comentarios:

flaperval dijo...

yo siempre fui loco...

me ha encantado el final, "para quien todavía conserve un poco de sensibilidad en esta jauría voraz de rostros que no sonríen"

Anónimo dijo...

si no existiera la locura no existiría la cordura no?

Y además...¿qué es la locura?