
La noche del viernes cenamos dos kilitos de entraña regados con dos Cotos de Haya y un gandesa que se defendía. Recuerdo que propiné un martillazo a un patético muñequito de plástico cabezón que venía ya montado en un huevo kinder. Sin más. No hubo traumatismo encefálico porque no le di de lleno y el monigote salió volando para aterrizar en la alfombra como un sultán.
3 comentarios:
El video, el video, queremos el video!!!
y yo que me quedé sin tastar ese dulce Flor de Caña nicaragüense que sale iluminado, dorado en el fondo... como una seducció perillosa...
El otro día vi al primo de este muñequito encima de una caja registradora del Consum. Era rubio y con gafas. Pero no tenía alas.
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